Vaca criolla en pastizal dominicano — ilustración del artículo Evolución de la Pecuaria Dominicana
Historia

Evolución de la Pecuaria Dominicana

Tiempo de lectura: 18 minutos | Publicado: agosto 2025 | Actualizado: abril 2026

La pecuaria dominicana atraviesa, en el bienio 2025-2026, uno de los periodos más definitorios de su historia económica reciente. Lo que tradicionalmente se narra como una historia lineal de progreso —desde los hatos coloniales hasta la moderna industria que maneja más de 2.5 millones de cabezas de ganado— oculta una realidad más compleja: la apertura comercial total bajo el DR-CAFTA, una emergencia sanitaria sin precedentes en el subsector porcino y una divergencia profunda entre subsectores que crecen a ritmos opuestos. Este artículo revisa la trayectoria histórica del sector y la confronta con los datos más recientes del Banco Central, la FAO y el USDA, para ofrecer una lectura crítica de hacia dónde se dirige verdaderamente la ganadería nacional.

📊 Resumen ejecutivo

Tres tensiones definen el momento actual de la pecuaria dominicana. Primero, la coexistencia de un subsector avícola que rompe récords históricos de producción —400 millones de huevos mensuales en febrero de 2026— con un subsector porcino que ha visto colapsar su hato reproductivo de 110,000 a 30,000 madres por la Peste Porcina Africana. Segundo, el cumplimiento total del cronograma de desgravación arancelaria del DR-CAFTA en 2025, que ha disparado las importaciones agropecuarias hasta los US$2,400 millones y reabierto el debate sobre la viabilidad del productor nacional. Tercero, el surgimiento de la ganadería como proveedora de servicios ambientales monetizables, evidenciado por el pago de US$4.18 millones del Banco Mundial al país por captura de carbono. La pecuaria dominicana ya no es solo una industria de carne y leche: es un campo de batalla entre modelos productivos.

🏛️ Período colonial: los fundamentos (1492-1844)

Introducción del ganado bovino (1493-1550)

La historia pecuaria dominicana comienza con el segundo viaje de Cristóbal Colón en 1493, cuando se trajeron los primeros bovinos a La Española. La colonización ganadera se realizó inicialmente desde Sevilla y posteriormente desde las Islas Canarias, convirtiendo a la isla en el punto de partida para la distribución de ganado al resto del continente americano. Durante el gobierno de Nicolás de Ovando, la actividad experimentó un crecimiento vertiginoso que alcanzó más de 100,000 cabezas en la zona norte hacia finales del siglo XVI. [Referencia histórica]

Conviene precisar, sin embargo, que el ganado no llegó como un fin económico autónomo. Su función original fue subsidiaria: movilizar las carretas y trapiches de los ingenios azucareros y abastecer de carne y leche a las comunidades coloniales. La transición del bovino como herramienta de la industria azucarera a actividad económica principal tomaría más de un siglo y dependería, paradójicamente, del fracaso del propio modelo azucarero.

El surgimiento del hato ganadero (1550-1700)

El periodo de 1550 a 1606 marcó el desarrollo del hato ganadero como sistema productivo característico de la colonia. Su consolidación respondió a una crisis: el declive de la industria azucarera obligó a los inversionistas a buscar alternativas más rentables. La ganadería extensiva —de bajo capital, alta extensión territorial y mínima mano de obra— resultó ser la opción natural. Pero su crecimiento fue interrumpido brutalmente por las Devastaciones de Osorio (1605-1606), que diezmaron el ganado y obligaron a la población a consumir reses viejas y a salar la carne para conservarla. La recuperación, aunque lenta, fue completa: hacia el siglo XVIII la ganadería se había convertido en la principal actividad económica del territorio.

El apogeo hatero del siglo XVIII

Durante el siglo XVIII, el sistema de hatos alcanzó su máximo esplendor impulsado por la demanda exterior. El acuerdo comercial entre la Corona española y las autoridades francesas de Saint Domingue formalizó este dinamismo: la parte oriental se comprometió a suministrar mil cabezas de ganado mensuales a la próspera colonia vecina. Esta estructura no solo generó una clase social dominante —los hateros— sino que definió el uso del territorio, priorizando la cría extensiva sobre la agricultura de plantación. La ganadería se convirtió, así, en el fundamento material de una identidad social y política que perduraría hasta bien entrado el siglo XIX.

⚡ Período de transición y crisis (1800-1870)

La ocupación haitiana (1822-1844)

La unificación de la isla bajo Jean-Pierre Boyer en 1822 trajo transformaciones que alteraron la lógica de tenencia de la tierra y, con ella, la base productiva pecuaria. Las reformas de Boyer —resistidas en su momento, pero consecuentes en sus efectos— sentaron las bases para la democratización del acceso a la tierra:

  • Abolición de la esclavitud, liberando a más de 10,000 personas.
  • Confiscación de tierras eclesiásticas y de latifundistas hateros.
  • Apertura del comercio con Francia, Estados Unidos, Inglaterra y Holanda.
  • Distribución parcelaria que dio origen al campesinado dominicano contemporáneo.

El campesinado que hoy conocemos —productor de pequeña escala con tenencia familiar— es, en buena medida, herencia de aquellas reformas. Reconocerlo no implica validar políticamente el periodo, pero sí reconocer la complejidad de su legado material.

La Primera República (1844-1870)

Cuando se declaró la independencia en 1844, los dominicanos heredaron finanzas desordenadas y una economía debilitada por las guerras. La distribución regional de actividades reflejaba las ventajas geográficas y los mercados accesibles desde puertos como Montecristi:

Región Actividad principal Actividades secundarias
Norte Producción de tabaco Ganadería menor
Este Ganadería Corte de madera
Sur Pequeños trapiches Azúcar, melaza y alcohol

🏢 Institucionalización y modernización (1948-2000)

La modernización técnica del sector se formalizó a mediados del siglo XX a través de una evolución institucional que refleja la creciente importancia de la sanidad y el fomento pecuario para el Estado dominicano. La cronología revela transiciones organizativas que permitieron especializar la gestión gubernamental:

Año Institución Hito administrativo
1948 Sección de Ganadería y Cría Adscrita a la Secretaría de Agricultura, primer núcleo formal.
1950 Sección de Pecuaria, Caza y Pesca Primer intento de centralización de la gestión animal.
1954 Sección de Ganadería y Veterinaria Especialización hacia la salud y medicina animal.
1955 Sección de Agricultura y Ganadería Integración de ambos pilares bajo una misma sombrilla técnica.
1957 Dirección General de Ganadería (DIGEGA) Creación de la entidad rectora actual, primer director Dr. Héctor Luis Rodríguez.
1970 Proyecto de Desarrollo Ganadero Inicio de programas masivos de crédito y asistencia técnica.
2000 CONIAF (Decreto 687-00) Articulación del Sistema Nacional de Investigaciones Agropecuarias y Forestales.

Durante la década de 1970, el Proyecto de Desarrollo Ganadero del Banco Mundial (Crédito 245-DO) marcó un hito de productividad. Aunque la inflación obligó a reducir el alcance original de 260 a 153 fincas, los resultados fueron tangibles: para 1976 la producción de leche había aumentado en 10.7 millones de litros y la de carne en 1,600 toneladas, representando un incremento del 80% en la producción cárnica del periodo. La DIGEGA y, posteriormente, el CONIAF han sido los pilares institucionales que han permitido al sector enfrentar los desafíos del siglo XXI.

📈 Diagnóstico macroeconómico 2024-2025: el espejismo del crecimiento agregado

Los datos preliminares del Banco Central muestran que el sector agropecuario dominicano creció un 3.9% interanual durante enero-septiembre de 2025, superando ampliamente el desempeño de la economía nacional, que se expandió apenas un 2.2% en el mismo periodo. La cifra parece confirmar el papel contracíclico del campo dominicano. Pero un análisis desagregado revela una historia menos optimista: mientras el subsector agrícola se expandió un sólido 6.3% —impulsado por el arroz (12.1%), el aguacate (11.3%) y el plátano (9.7%)—, el subsector de ganadería, silvicultura y pesca creció un anémico 0.6%.

Indicador (Ene-Sep 2025) Variación interanual (%)
PIB Real Nacional 2.2
Valor Agregado Agropecuario 3.9
Subsector Agrícola 6.3
Ganadería, Silvicultura y Pesca 0.6
Producción de Leche Cruda 3.0
Producción de Ganado Bovino 0.8
Producción de Ganado Porcino −28.1
Fuente: Resultados preliminares de la economía dominicana, Banco Central, septiembre 2025.

La parálisis del subsector pecuario tiene un nombre: la crisis porcina. La caída del 28.1% en la producción de cerdo ha contrarrestado los avances en avicultura y lechería, generando una distorsión que las cifras agregadas tienden a disimular. El financiamiento ha sido el oxígeno del sistema: el Banco Agrícola formalizó RD$2,728.2 millones en desembolsos directos al sector, y la cartera armonizada del sistema financiero al sector privado agropecuario alcanzó los RD$67,904.1 millones al cierre de septiembre de 2025. Sin embargo, la rentabilidad sigue comprimida por costos crecientes: se estima que los impuestos a los combustibles representan aproximadamente el 31.7% de los costos operativos en maquinaria agrícola y transporte pecuario.

🐖 La emergencia porcina: del sacrificio masivo a la convivencia con la PPA

La porcicultura dominicana atraviesa la crisis más severa de su historia reciente. Detectada nuevamente en la isla en 2021 y declarada endémica en 2024, la Peste Porcina Africana (PPA) ha transformado el mapa productivo del país. Al cierre de 2025, la producción nacional de carne de cerdo había caído un 25%, descendiendo de 1,436,040 quintales en 2024 a apenas 1,069,087 quintales en 2025.

El déficit estructural ha sido cubierto mediante importaciones masivas, principalmente desde Estados Unidos bajo las facilidades del DR-CAFTA. En 2025, el consumo nacional de cerdo se estimó en 3,240,274 quintales, de los cuales el 67% (2,171,763 quintales) fue abastecido por carne importada. La pérdida más dolorosa, sin embargo, no es coyuntural sino estructural: el hato reproductivo nacional pasó de 110,000 madres antes del brote a apenas 30,000 en 2026. Ese dato es el que verdaderamente define el horizonte del subsector: incluso si la enfermedad se controlara mañana, la capacidad de recuperación tomaría años.

Cambio de paradigma: la «burbuja sanitaria» como modelo productivo

Frente a esta realidad, el Gobierno dominicano —con respaldo de la FAO y el USDA— giró su estrategia desde una búsqueda de erradicación total mediante sacrificio masivo hacia un modelo de «reconstrucción porcina» basado en bioseguridad. El cambio de paradigma reconoce algo incómodo pero realista: la PPA persistirá en el entorno. La viabilidad del negocio depende ahora de la creación de «burbujas sanitarias» que aíslen al hato productivo del virus circulante.

Los resultados al primer trimestre de 2026 muestran señales prudentemente optimistas:

  • La tasa de positividad del virus en granjas controladas es inferior al 1%, validando la efectividad de los protocolos implementados.
  • El 82% de las granjas comerciales del país ya están integradas en programas de certificación sanitaria y vigilancia activa.
  • El modelo evoluciona hacia la separación física de madres y lechones, una práctica heredada de la industria avícola que minimiza el riesgo de contagio masivo.

La inversión en bioseguridad ha demostrado ser, en términos puramente financieros, la decisión más acertada del sector. Según estimaciones de la FAO, cada dólar invertido en medidas preventivas evita pérdidas de entre 19 y 99 dólares en activos biológicos. Para las granjas participantes en los programas internacionales se estima que se han evitado pérdidas por valor de US$40 millones en los últimos dos años. Pero conviene subrayar lo que estas cifras no resuelven: el pequeño productor sin acceso a capital para infraestructura de bioseguridad ha quedado, en la práctica, fuera del modelo.

🐔 La avicultura: la locomotora silenciosa de la seguridad alimentaria

En contraste radical con la porcicultura, el sector avícola dominicano se ha consolidado como la locomotora de la producción pecuaria nacional. En los últimos cinco años, la producción de aves ha registrado un crecimiento acumulado cercano al 45%, un ritmo que supera ampliamente el promedio de América Latina y el Caribe. Y el crecimiento no es solo cuantitativo: ha estado impulsado por una modernización agresiva de la infraestructura de engorde y una mejora genética continua.

Hacia febrero de 2026, las cifras marcan hitos históricos en seguridad alimentaria. La producción mensual de huevos de mesa alcanzó las 400 millones de unidades, la cifra más alta jamás registrada en la República Dominicana. Diariamente, el país produce más de 10.8 millones de huevos y sacrifica más de 750,000 pollos, lo que permite cubrir más del 85% de la demanda interna de esta proteína.

Métrica avícola (proyecciones 2025-2026) Valor estimado
Producción mensual de huevos (unidades) 400,000,000
Oferta mensual de pollos (unidades) 21,400,000
Crecimiento quinquenal acumulado 45%
Participación en la demanda real de pollo >85%
Consumo per cápita de pollo (kg/año) 54.1
Fuente: Asociación Dominicana de Avicultura (ADA) y Sanut.

La eficiencia avícola ha tenido efectos sociales medibles: el país redujo sus niveles de subalimentación del 8.3% en 2020 al 3.6% en 2025, situándose cerca de cumplir la meta de Hambre Cero antes de 2028. La capacidad del sector para mantener los precios del pollo procesado por debajo de los 100 pesos la libra durante los periodos de mayor presión inflacionaria de 2025 fue, sin exageraciones, un factor de estabilidad social.

Conviene matizar, sin embargo, una vulnerabilidad estructural: la industria avícola depende casi totalmente del maíz y la harina de soya importados desde Estados Unidos, lo que la hace exquisitamente sensible a los precios internacionales de granos y a los fletes marítimos. Su tasa de conversión alimenticia ha logrado bajar a niveles de clase mundial (1.5-1.6 kg de alimento por kg de carne producida), pero esa eficiencia no inmuniza al sector frente a shocks externos.

🐄 PROMEGAN: tecnificación bovina y la promesa de soberanía láctea

La ganadería bovina, tradicionalmente la actividad pecuaria con mayor ocupación territorial, atraviesa un proceso de tecnificación profunda bajo el Proyecto de Mejoramiento de la Ganadería en la República Dominicana (PROMEGAN). Con una inversión que supera los RD$700 millones, el proyecto busca transformar la rentabilidad de más de 10,000 productores. [Detalles del proyecto]

En su primer año de ejecución masiva, PROMEGAN transformó 88,000 tareas de tierra para pastos y realizó 10,500 inseminaciones artificiales. Hacia mediados de 2025, las cifras se habían expandido significativamente:

  • 250,000 tareas de pasto mejorado fomentadas en todo el país.
  • Más de 30,000 soluciones de agua instaladas en fincas afectadas por la estacionalidad de las lluvias.
  • Distribución subsidiada de máquinas de ordeño mecánico (50% de subsidio), mejorando la higiene de la leche y reduciendo la dependencia del ordeño manual.
  • Instalación de paneles solares en 36 centros de acopio para garantizar la cadena de frío sin depender de la red eléctrica convencional.
  • Capacitación de 42,009 productores entre 2023 y 2024.

La introducción de la Inseminación Artificial a Tiempo Fijo (IATF) ha permitido que pequeños productores accedan a genética de toros de élite que antes estaba reservada para grandes haciendas. Este cambio tiene implicaciones que trascienden lo técnico: democratiza, al menos en el papel, el acceso a la mejora genética. Los efectos ya son medibles. En el periodo enero-septiembre de 2025, la producción de leche cruda aumentó un 3.0%, impulsada principalmente por mejoras en eficiencia reproductiva y nutricional.

🌐 DR-CAFTA 2025: el horizonte de eventos de la apertura comercial

El año 2025 representó el «horizonte de eventos» para la agropecuaria dominicana. Tras un periodo de transición de 20 años, el cumplimiento de los plazos de desgravación arancelaria del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República Dominicana y Estados Unidos (DR-CAFTA) dejó a los productos más sensibles del país —arroz, carne de cerdo y carne de pollo— sin protección frente a la producción estadounidense.

El impacto fue inmediato. Las importaciones agropecuarias totales en 2025 alcanzaron una cifra récord de aproximadamente US$2,400 millones, con un crecimiento anual compuesto del 6.8% en la última década. La oposición política ha capitalizado el descontento del campo señalando que el país ha pasado a depender de las importaciones para el 28.2% de su consumo alimentario total. En 2025 se importaron 114.5 millones de quintales de productos agropecuarios, un incremento del 37.1% respecto a los niveles de 2020.

Top 5 importaciones desde EE. UU. (2025) Valor (US$ millones) Volumen (TM)
Carne de cerdo y derivados 290.62 96,122
Harina de soya (insumo para alimento) 247.64 615,483
Maíz (insumo para alimento) 175.29 772,629
Productos lácteos 162.15 41,261
Carne de pollo y derivados 136.56 77,955
Fuente: USDA Foreign Agricultural Service.

Conviene leer estas cifras con cuidado. Los productores locales sostienen que no pueden competir en igualdad de condiciones con los agricultores estadounidenses, quienes reciben subsidios directos a través del Farm Bill. En 2025, el volumen de arroz importado libre de arancel pasó a ser ilimitado, generando una incertidumbre que ha llevado a algunos arroceros y ganaderos a abandonar sus actividades tradicionales. La pregunta de fondo no es si el DR-CAFTA fue justo o injusto —ese debate está saturado de retórica política—, sino si el Estado dominicano usó las dos décadas de transición para preparar al sector productivo. La evidencia sugiere que la respuesta es, parcialmente, no.

🇺🇸 El otro lado del DR-CAFTA: la certificación FSIS y la exportación de carne

La apertura comercial no opera en una sola dirección. Un logro trascendental ocurrió en febrero de 2025, cuando la República Dominicana mantuvo la certificación de equivalencia de su sistema de inspección de carnes con el de Estados Unidos, otorgada por el Servicio de Inspección y Seguridad Alimentaria (FSIS) del USDA. [Noticia oficial]

La certificación confirma que las plantas dominicanas cumplen con los seis componentes fundamentales de inocuidad: supervisión gubernamental estricta, verificación de procesos, programas de saneamiento preventivo, control de puntos críticos (HACCP), control de residuos químicos y control de patógenos microbiológicos. En la práctica, existen actualmente 3 plantas procesadoras de carne habilitadas por el FSIS para exportar hacia EE. UU., El Salvador y otros mercados del Caribe. Durante 2024, se garantizaron las condiciones sanitarias para que más de 67 millones de libras de carne bovina y 12 millones de carne porcina llegaran de forma segura tanto al mercado local como al de exportación.

El contraste es revelador. El mismo tratado que ha presionado al productor nacional con importaciones desreguladas le ofrece, en su otra cara, una puerta de acceso a mercados premium. La paradoja del DR-CAFTA es que no hay un veredicto único: hay ganadores y perdedores dentro de la propia agropecuaria dominicana, y la línea que los separa es, casi siempre, la capacidad de inversión en tecnificación y certificación.

🌱 Ganadería climáticamente inteligente: cuando el potrero monetiza carbono

Las sequías prolongadas en la línea noroeste y las inundaciones en el Bajo Yuna han forzado al sector a migrar hacia modelos de producción regenerativa. El proyecto GANACLIMA-RD, implementado por la FAO y el Ministerio de Medio Ambiente con financiamiento del GEF, ha sido pionero en la promoción de los sistemas silvopastoriles (SSP). [Información FAO]

Un sistema silvopastoril no es simplemente plantar árboles en un potrero; es un diseño biológico complejo que utiliza la estratificación para maximizar la biomasa por metro cuadrado. Sus componentes típicos en territorio dominicano incluyen:

  • Pastos mejorados como el Pasto San Ramón, que ofrece mayor cobertura del suelo y mejor retención hídrica.
  • Arbustos forrajeros como la Titonia y la Morera, con alto contenido proteico que sirve de suplemento natural al pastoreo.
  • Cercas vivas y árboles de sombra como Piñón Cubano y Jobo, que reducen el estrés térmico del ganado —aumentando la producción de leche en un 15-20%— y capturan carbono atmosférico.

Logros ambientales y certificaciones de carbono

Hacia 2026, la República Dominicana ha logrado hitos significativos en la gestión ambiental del sector. El país recibió US$4.18 millones del Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques del Banco Mundial, como reconocimiento a la reducción de 840,000 toneladas de CO₂ equivalente a través de programas de manejo forestal y pecuario sostenible. Es la primera vez que el sector pecuario dominicano monetiza directamente sus servicios ecosistémicos a nivel internacional.

El Ministerio de Medio Ambiente reportó, además, una reducción del 67% en las áreas afectadas por incendios forestales en el periodo 2025-2026, lo que protege las cuencas hidrográficas que sostienen el 75% de la producción alimentaria nacional. La implementación de la plataforma Sigeo RD permite a los ganaderos georreferenciar sus fincas y demostrar prácticas de no-deforestación, requisito cada vez más común para las exportaciones hacia la Unión Europea y otros mercados premium. La ganadería deja de ser, así, una actividad puramente productiva para convertirse también en proveedora de servicios ambientales con valor de mercado.

⚖️ Crítica institucional: la otra cara del modelo

Cualquier balance honesto del momento actual debe incluir las voces críticas. Sectores de la oposición política y federaciones de pequeños productores han denunciado una «crisis de planificación» que, a su juicio, ha asfixiado al productor nacional en 2025. Las quejas se concentran en tres áreas:

  1. Reducción de la asistencia técnica directa. Se estima que la salida de más de 2,000 técnicos agrónomos del sector público ha dejado a cientos de asociaciones de ganaderos sin apoyo para combatir plagas, manejar sanidad o implementar riego tecnificado.
  2. Distribución cuestionada del crédito. Según informes del Subgabinete Agropecuario de la Fuerza del Pueblo, una parte significativa de los préstamos a tasa cero del Banco Agrícola no llegó a pequeños productores, sino que fue canalizada hacia grandes conglomerados agroindustriales o personas sin actividad directa en el campo. Estas afirmaciones, naturalmente politizadas, requieren auditoría independiente, pero el patrón denunciado es consistente con observaciones técnicas previas sobre la concentración del crédito agropecuario.
  3. Encarecimiento de la canasta básica. El costo de la canasta básica familiar subió a RD$48,879.38 en marzo de 2026, un alza del 32% respecto a 2020. Una porción atribuible a la dependencia de alimentos importados cuyos precios fluctúan con el dólar y con las crisis geopolíticas.

No se trata de validar o invalidar la lectura política específica de quienes denuncian, sino de reconocer que el optimismo macroeconómico del Gobierno y la angustia microeconómica del productor pequeño coexisten sin contradicción real. Ambas pueden ser ciertas simultáneamente, y lo son.

🔮 Síntesis estratégica: tres pilares para 2026 y más allá

La evolución pecuaria dominicana en 2024-2026 refleja una nación que intenta equilibrar tradición agraria, exigencias de un mundo globalizado y la creciente complejidad climática. El sector ha demostrado una capacidad de supervivencia admirable frente a desastres sanitarios como la PPA y desafíos comerciales como el fin de los aranceles del DR-CAFTA. Pero ese equilibrio es frágil. Tres pilares definirán la sostenibilidad del sector en la próxima década:

  1. Soberanía tecnológica. La expansión de PROMEGAN y la consolidación de la bioseguridad porcina son fundamentales para no depender exclusivamente de la eficiencia de terceros. La genética nacional debe seguir mejorando para reducir los costos por unidad de producto, particularmente en bovinos donde los rendimientos siguen muy por debajo del potencial regional.
  2. Adaptación climática monetizada. El éxito del primer pago por captura de carbono del Banco Mundial abre una nueva fuente de ingresos para el productor. La ganadería ya no debe ser vista solo como productora de carne y leche, sino como proveedora de servicios ambientales con valor de mercado verificable. La plataforma Sigeo RD, bien aprovechada, puede ser una ventaja competitiva frente a mercados que premian la trazabilidad ambiental.
  3. Inclusión y equidad en el crédito. Para que el tejido social rural no se desintegre, el Estado debe asegurar que la tecnificación llegue a pequeños y medianos productores. Sin políticas activas de inclusión financiera, el modelo actual podría acelerar la concentración de la tierra y la producción en pocos actores agroindustriales, replicando dinámicas de desigualdad rural que la propia historia dominicana ha demostrado costosas.

El futuro de la pecuaria dominicana dependerá de su capacidad para transformar la amenaza de la apertura comercial en una oportunidad de excelencia productiva, apoyándose en su estatus sanitario recuperado y en su liderazgo regional en la industria avícola. La meta de convertir al país en una potencia exportadora de proteína animal para el Caribe y Centroamérica está al alcance —pero solo si la coherencia en la inversión pública y el apoyo técnico al campo se mantiene más allá de los ciclos políticos.

💡 Conclusiones

La evolución de la pecuaria dominicana, vista desde el siglo XVIII hateros hasta el bienio 2025-2026, no encaja en una narrativa lineal de progreso. Es una historia de auges y colapsos, de modernización selectiva y desigualdad estructural, de cooperación internacional y dependencia comercial. Las cifras récord de la avicultura conviven con el desplome porcino. Los pagos por carbono coexisten con la crisis del pequeño productor. La certificación FSIS abre mercados premium mientras las importaciones libres de arancel reducen los márgenes locales.

Reconocer esa complejidad no es pesimismo: es la condición para diseñar políticas públicas que efectivamente respondan a la realidad del sector. La pecuaria dominicana del siglo XXI no es la del hato colonial ni la del PROMEGAN inicial. Es un sistema híbrido, tecnificado en su cumbre y vulnerable en su base, capaz de exportar carne certificada pero también de depender del exterior para alimentar a su propia industria. Entenderla en sus contradicciones es la única manera de transformarla con seriedad.

📚 Fuentes y referencias

Este artículo fue publicado originalmente en agosto de 2025 y actualizado en abril de 2026 para incorporar los resultados preliminares del Banco Central correspondientes al periodo enero-septiembre de 2025, los datos avícolas y porcinos del primer trimestre de 2026, y los desarrollos en certificación de carbono y comercio internacional. Una segunda entrega abordará el sector desde una vertiente complementaria.

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